sábado, 22 de enero de 2011

CAPÍTULO 1 " EL COMIENZO"

En el verano de 2006, Carlos acabó sus estudios de Física sin tener muy claro que quería hacer con su vida. Por un lado le apetecía ponerse a trabajar y tener cierta independencia, pero la idea de seguir estudiando le seducía bastante.
Carlos tenía el pelo castaño y una complexión fuerte, casi un metro noventa y rondando los noventa kilos. Usaba gafas esporádicamente, cuando tenía que forzar la vista o estaba mucho tiempo de cara al ordenador.
Vivía con sus padres en un piso en la zona del puerto de Valencia. Antes era una zona casi marginal, pero desde que se empezó a construir La Ciudad de las Ciencias, El Hemisferic, El Oceanografic, y empezó a celebrarse La Copa América de vela y el circuito urbano de Fórmula 1, Valencia y su barrio habían cambiado bastante, aunque él seguía yendo al bar de toda la vida a tomarse las cervezas, “El Refugio” desde donde hacía más de veinte años estaba Félix poniendo las cañas.

El plan de buscar un trabajo y ser un peón más del sistema establecido, pagar hipoteca, comprarse un coche, cotizar a la seguridad social y tener un par de hijos, no era muy atractivo para un joven de 26 años, además no tenía una novia, ni nada que se le pareciese, con la que planificar ese “estupendo” futuro.
Bernardo, su profesor de Física de Partículas le había ofrecido desarrollar un doctorado en investigación, que le parecía de lo más interesante, además tenía la posibilidad de solicitar una Beca en el Ministerio de Ciencia e Innovación, para realizar el segundo año en el LHC, el Colisionador de Hadrones, del CERN en Ginebra, que se inauguraría en 2008.

Bernardo era catedrático del departamento de física Nuclear y de Partículas, tenía entonces unos cincuenta y cinco años, pelo moreno con pocas canas, estatura mediana y complexión atlética, tenía la barba cerrada y las cejas anchas. No tenía el aspecto típico de un profesor de física, de los que están siempre en su mundo, y ausentes de todo lo terrenal. Parecía más bien un albañil o un hortelano, pero su cerebro era de los más brillantes que Carlos había conocido. Nunca se había casado, bien por dedicarle mucho tiempo a la investigación o bien porque no había encontrado a su media naranja.
Últimamente, había estado saliendo con Dolores, una profesora de Matemáticas morena y delgada, que también era soltera y rondaba los cincuenta. Daba clase también en la Universidad de Valencia y era profesora asociada del departamento de matemática aplicada.


Carlos se asomó tímidamente a la puerta del despacho, por suerte Bernardo estaba allí, tras un montón de libros y papeles revueltos, que le daba la impresión que estaban así desde que se matriculó en primer curso de carrera. Era difícil encontrar un trozo de mesa debajo de esa maraña de papeles y libros.

-         Buenos días Bernardo.
-         Buenos días Carlos, pasa, pasa…., Bueno, te has pensado ya lo  del doctorado y la beca para irte a Ginebra. Un estudiante con tu capacidad y tu expediente no debería tener problemas en conseguirla.
-         Es lo que venía a comentarle, si que me gustaría, pero tengo miedo…
-         ¿MIEDO...?- Le interrumpió Bernardo de sopetón.- ¿Miedo a qué?
-         No se, está muy lejos, aquí están mis padres, mis amigos… vamos que, mi vida está aquí.
-         Hijo….., no te quiero dar un sermón, pero si yo tuviera tu edad y tu cerebro, te puedo asegurar que no tendría la más mínima duda. A no ser que el miedo que tienes sea al fracaso…
-         ¿Al fracaso? ¿Al fracaso de qué?- Replicó Carlos
-         Al fracaso a no conseguir resultados con el doctorado… o a ni siquiera conseguir la beca.-
-         No, no,  de eso nada….
-         ¿Entonces?
-         De acueeerdo, vamos a ver en que consiste ese tema tan interesante.
-         Bien, bien… Así me gusta, pero no corras tanto chaval, ahora me tengo que ir. Se me ha hecho tarde y he quedado con Dolores para ir al cine. Vente mañana por la tarde y te explico de que va.
-         Bueno pues entonces mañana nos vemos.
-         Hasta mañana chaval.
-         Hasta mañana, Bernardo.

Era miércoles, día del espectador. Estos días Bernardo siempre aprovechaba para ir al cine, y cuando podía, lo hacía con Dolores.
La “peli” que tocaba ese día era “El Código Da Vinci” de Ron Howard. Camino del cine, Bernardo le dijo a Dolores:
-         ¿Te acuerdas del chaval ese de clase del que te he hablado alguna vez?
-         ¿Ese que dices que es tan bueno?
-         Si, Carlos. Tiene un potencial muy grande y mucho futuro, si se lo propone puede llegar muy lejos. Pues lo acabo de convencer de que haga el doctorado y solicite una beca hacer el segundo año en el HLC. Se pondrá en marcha en dos años, y yo tendré que asistir a colaborar en el arranque, me lo ha pedido Walter.
-         ¿Walter…?
-         Si, Walter Braun, estuve trabajando con él en el TEVATRON en Batavia, Illinois. Es el acelerador de partículas que se fundó en 1967, cerca de Chicago, en los Estados Unidos. Hicimos una gran amistad. Desde entonces hablamos mucho por Internet, cambiamos información, le pido opinión en muchas dudas, y el colabora ayudándome en todo lo que puede. Ahora el trabaja allí y hace unos días me mandó un mail diciéndome que le sería de mucha utilidad que fuera a echarle una mano cuando aquello se ponga en marcha, y la verdad, me apetece bastante.
-         Por cierto. ¿Cómo llevas la investigación?- Le interrumpió Dolores.
-         Bueno, voy poco a poco. Por eso quiero involucrar a Carlos, voy a proponerle que desarrolle una parte de la investigación, y que a la vez le sirva como doctorado.
-         ¿Qué parte?
-         Demostrar que existe el bosón de Higgs.
-         ¿Qué era eso?, me lo has comentado alguna vez, pero sigo sin entenderlo.
-         Pues entre otras cosas, el bosón de Higgs nos permitirá saber, en caso de que se demuestre su existencia, porqué las partículas elementales de la materia tienen diferentes masas, recrear el Big Bang, etc.
-         Esas cosas me suenan a ciencia ficción, el Big Bang.- susurró Dolores en tono despectivo, pero con toda la intención de que Bernardo lo oyera.
-         Bueno, lo dejo ya, con esa manera de pensar que tienes, mejor no digo nada. Aunque no lo entiendo, siendo licenciada en matemáticas, no se como eres tan escéptica.
-         Ya llegamos al cine.- Dijo Dolores zanjando el tema.

Entraron al cine y se sentaron al final como siempre. Disfrutaron de la película. Bernardo no había leído la novela en la que se había basado la película, ya que todo lo que leía era sobre su investigación y consideraba que leer novelas era tiempo que le quitaba a su estudio. Prefería ver la película, que en un par de horas conseguía sacarle el mismo jugo a la historia, o como el decía llegar a la misma conclusión.
Después de salir del cine, Bernardo acompaño a Dolores hasta su apartamento.
-         ¿Subes a tomarte una copa?
-         Me encantaría.
-         Bueno si quieres quedarte a dormir….
Bernardo se quedó toda la noche, aunque después de un día tan largo, no se puede decir que fuera “su mejor actuación”.
Se despertó pronto. Dolores aún dormía, sin hacer mucho ruido se vistió y salió del apartamento de una forma aparentemente apresurada. No es que tuviera prisa o que huyera de algo. Es que había tenido un sueño. Un sueño que se repetía una y otra vez. Se trataba de la imagen del transbordador Columbia despegando de la Tierra y…explotando.
Bernardo, como buen físico, no era de los que se dejaba llevar por creencias sin fundamento científico. Vamos, que no se creía mucho todos esos libros y razonamiento que intentar buscarle un significado a los sueños, pero ese sueño le dejó preocupado, como si le quisiera decir algo.

Se tomó un café en la cafetería de la universidad:
-         Buenos días Marcelo.
-         Buenos días Don Bernardo.
-         Un café con leche por favor.
Marcelo era colombiano, había llegado a Valencia hacía cinco años en busca de trabajo, y desde entonces estaba de camarero en la universidad.
Fue tomarse un café con leche y un donut blanco, y subir como un cohete al laboratorio.
Se le venía una y otra vez la imagen del Columbia a la cabeza.

-         ¿Pero que demonios querrá decir esto?- se preguntaba a si mismo
-          
Bernardo no tenía clase, ya que el curso había acabado hacía unas semanas. Por lo que se quedó en su despacho toda la mañana, pensando…
Para despegarse de la corteza terrestre, se necesita una cantidad brutal de energía, es lo que todos podemos ver al contemplar las imágenes del Columbia despegando, unas llamaradas espectaculares y una cantidad de humo que asusta, solamente para vencer la fuerza de la gravedad,… solamente.
La gravedad está ahí. No pide pan,… pero nos hace gastar una cantidad de energía a todos los niveles. No solo para despegar transbordadores espaciales, sino para mover los vehículos, subir los ascensores, construir edificios, andar…
Pues ya que está, ¿porqué no aprovecharnos de ella? Lo único que hacía falta era invertir el ciclo y en lugar de gastar energía para vencer la fuerza de la gravedad, era buscar la manera de generar energía a partir de ella. ¿Pero como?
Esta era la pregunta que tenía Bernardo en su cabeza.

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Al salir del despacho, Carlos se subió en su SEAT Ibiza negro, y antes de arrancar llamó Miguel, su amigo y compañero de carrera, con el que había compartido sus años de estudio. Miguel no era un “cerebrito” como Carlos, pero era buen estudiante y un joven muy trabador. Era el tipo de estudiante que se tiene que esforzar más en sus horas de estudio, para obtener los mismos resultados que otros como Carlos.
Miguel había cogido la especialidad de física aplicada, por lo que no estaba tan metido en temas de ¿porqué existimos? o ¿de que se compone la materia?, sino en temas más realistas y enfocados a la industria y a un trabajo más terrenal.

-         Miguel, que pasa tío.-
-         Ey, Carlos que pasa.-
-         Echamos una cerveza, quiero comentarte una cosa.
-         OK. Nos vemos en diez minutos en El Refugio.

Una vez allí, Carlos estaba ordenando sus ideas para ver como se lo contaba a Miguel.
-         Ya me dirás que cojones te pasa para sacarme de casa un miércoles a estas horas.
-         Pues nada tío, que he estado hablando con Bernardo, el profe de partículas, y no se si la he cagado.
-         Ostia no me jodas. ¿Qué has hecho?
-         Nada, nada aún. ¡Félix!!!, Dos tercios.
-         ¿Nada? Pues explícame.- Miguel le pegó un trago al tercio mientras esperaba la contestación de Carlos.
-         Creo que me voy a matricular para hacer un doctorado.
-         Bueno, bien, ¿y eso es tan grave?
-         No, no es ese hecho en si. Es que…
-         Vamos tío, escupe ya.
-         Que me ha propuesto solicitar una beca para irme a Ginebra.
-         ¿A Ginebra?
-         Si, para hacer el segundo año del doctorado en LHC, parece que tiene algo de mano en el ministerio, además le ayudaría en su investigación
-         ¿La investigación de que?
-         Pues ahí está tema, no me lo ha dicho aún en concreto. Yo se que está desarrollando una investigación sobre las partículas elementales de la materia, sobre el modelo estándar. Creo que persigue lo mismo que la mayoría de los físicos actuales.
-         ¿El que?
-          La teoría unificada.
-         Si consiguiera eso - hizo una pausa mirando a los ojos a Carlos- le darían el Nobel.
-         Si consiguiera eso, el premio Nobel sería insignificante comparado con el avance que supondría para la humanidad.
-         ¿Te ves preparado?
-         Yo que se, tengo mil dudas.
-         La verdad es que es un marrón.
-         Coño, por eso tengo que hablar con alguien que me pueda entender, y no lo digo sólo por la parte científica, sino también por que se pueda poner en mi situación personal, porque  mis padres… ni por una ni por otra.
-         No se que decirte, yo creo que lo tienes que consultar con la almohada.
-         No me jodas, no te he llamado para que me digas eso.
-         Joder, tío, yo no me iría, pero lo tuyo es diferente.
-         ¿Diferente?
-         Si, tú tienes cabeza, tienes el mejor expediente de la universidad y no tienes….
-         No tengo novia ¿verdad?
-         Bueno, si, es verdad, no tienes novia.
-         Joder ya estamos, como si ese fuese el único objetivo en la vida, tener novia.
-         No seas cabezón, no voy por ahí…, pero es que cada uno tiene que tomar decisiones en función de sus circunstancias.
-         ¿Y no de sus creencias?
-         Como dijo alguien “Yo soy yo y mis circunstancias”, y hasta que no me demuestres lo contrario…
-         Vale, vale, creo que voy a tirar para adelante. Pero antes me tendrá que explicar bien en que consiste, porque si no me mola, paso de todo.
-         Félix!!! echa dos tercios más.- Y siguieron hablando de otras cosas hasta la hora de cenar.


Al día siguiente Carlos se levantó temprano, no durmió mucho pensando todo lo que había hablado con Bernardo el día anterior. No quería decirles nada a sus padres hasta no tener la decisión tomada al cien por cien, y supiera en que consistía el doctorado.
Pasó el día pensando en ello hasta por la tarde que subió de  nuevo al despacho de Bernardo.

-         Buenas tardes Bernardo. ¿Se puede?
-         Te estaba esperando.
-         Bueno soy todo oídos. ¿En que consiste?
-         Siéntate, ¿tienes prisa?
-         No, no tengo prisa.
-         Pues te explico. Como ya sabes, llevo muchos años investigando sobre las partículas de la materia, incluso estuve colaborado en el Tevatron en Illinois, junto a Walter Braun, uno de los mejores. Creo que este siglo va ha ser el determinante en lo que se refiere a obtener las respuestas fundamentales. Ligar en una sola teoría las cuatro fuerzas. Se ha avanzado bastante, pero falta la guinda del pastel. Creo que el descubra el bosón de Higgs, habrá dado el primer paso. Aún no se cuantificar el tiempo que nos llevará a la comunidad científica llegar al final, pero no creo que yo llegue a verlo. Tú eres un estudiante brillante, y creo que podrás continuar mi trabajo.
-         No me digas que se va a morir- Bromeó Carlos
-         No, no,- sonrió Bernardo- pero es que no creo que sea cosa de pocos años.
-         Vale, vale, sigua por favor.
-         Hasta ayer lo iba a enfocar de otra manera, pero esta mañana he tenido una idea, casi que una premonición. Me he dado cuenta que hasta que tengamos todas las respuestas, la humanidad va a necesitar cada vez mas y más energía, y entre los acuerdos para “salvar el planeta”, los verdes y demás, a día de hoy no tenemos muchas alternativas.
-         No entiendo.
-         Se me ha ocurrido una cosa y quiero que empieces por ahí tu investigación. Ya te he comentado que se está intentado demostrar la existencia del bosón de Higgs, pero hay otro bosón hipotético que también nos ayudaría mucho.
-         El gravitón…- se adelantó Carlos.
-         Exactamente. El Gravitón.
-         He leído algo sobre eso, si el Gravitón es definitivamente la partícula que “lleva” la gravedad, tendrá una antipartícula, el antigravitón. Hay algunos científicos que ya tienen publicaciones sobre el tema, antimateria y demás.
-         Sí pero no tienen mucha credibilidad entre los físicos de primera línea-
-         ¿Entonces? ¿Qué espera conseguir? ¿Qué le den la espalda sus colegas? ¿O que le tomen por loco?
-         No, no si conseguimos una cosa que marcará la diferencia.
-         ¿Conseguimos?
-         Bueno, sólo si aceptas realizar este doctorado.
-         Por favor, ya no podría decir que no. Me refiero a que hay que conseguir.
-         Generar energía a partir de la gravedad; pero antes de seguir quiero que sepas, que este doctorado, lo voy a crear en exclusiva para ti. No me arriesgaría a que lo desarrollara otro alumno que no fueras tú.
-         Gracias, viniendo de un catedrático de tu categoría, es un, muy buen cumplido. Pero por favor cuéntame más.
-         Mira mejor te llevas estos CDs, es una copia de las conclusiones de mis último avances, esto no se ha publicado en ningún sitio. De los conocimientos necesarios hasta llegar a esto, debes saber algo ya de lo que has estudiado y en la bibliografía que hay en el mercado.
-         Vale, los miro esta misma noche.
-         No corras tanto, hay bastante para ver, además deberás tener soporte de algunos libros. Toma, llévate este,… este,…y este.-Bernardo cogió los tres libros de un estante de la librería que tenía a la derecha de su mesa y se los entregó a Carlos.- Venga no quiero verte aquí hasta la semana que viene-
-         Gracias nos vemos el jueves que viene.
-         Hasta el jueves chaval.

Carlos llegó a casa y se encerró en su cuarto para empezar a ojear los CDs sin perder ni un minuto. Tenía tantas ganas de verlo todo, que los iba ojeando si profundizar en su contenido, leyendo rápido, viendo las fotos y los esquemas. En definitiva, dimensionando el volumen de información al que se enfrentaba.

-         Carlos ¡!!  A cenar.- Llamo su madre desde la cocina.
Josefa, su madre, era muy buena cocinera. Era una mujer sencilla, de pueblo que nunca había trabajado fuera de casa, se dedicó siempre a su familia
-         Ya voy mamá.!!

Se sentó en la mesa aún metido en sus pensamientos, sin darse cuenta de su madre le estaba hablando.

-         …Carlos. Qué cuantas albóndigas quieres, te he dicho. ¿Estas dormido o que?
-         Perdona mamá, estaba pensando….
-         ¿Qué pasa hijo?- Le dijo su padre
-         Nada papá, os quiero contar una cosa.
-         Espera que se siente tu madre y nos cuentas.-

Joaquín, el padre de Carlos, no era muy alto y un poco tripudo, estaba a punto de jubilarse y había trabajado desde siempre de mantenimiento en una fábrica.

-         Voy a matricularme para hacer un doctorado.
-         Muy bien hijo. ¿En que consiste?- Se interesó su padre.
-         ¿Eso para que vale?- Preguntó la madre.
-         Consiste en una investigación. Como si fuera el proyecto final de carrera que hice, pero más grande.
-         ¿Más grande? Pues estuviste bastante tiempo con el tuyo.
-         ¿Cuánto va a durar?- Su padre iba más al grano.
-         Dos años.
-         ¿Y cuanto…?- Le preguntó su madre pensando en que la economía familiar no es que fuera muy boyante.
-         Nada, mamá, voy a solicitar una beca.
-         Lo que pasa, es que...
-         Que al final siempre hay que pagar algo.- interrumpió Joaquín
-         No, no es eso. Es que me tendré que ir fuera-
-         ¿A dónde? ¿A Madrid?
-         No, a Ginebra.
-         Madre de Dios!- Exclamó Josefa-
-         Mama, ya soy mayor, y no nos vendrá mal a nadie que esté una temporada fuera de casa.

Su padre se quedó unos instantes pensando y buscó la mirada de aprobación de Josefa, que le asintió un tanto resignada.

-         Hijo, si lo tienes claro, adelante, nosotros te apoyaremos. Pienso que puedes lograr grandes cosas.
-         Gracias, muchas gracias por vuestra compresión.


Carlos se dirigió a la biblioteca de la universidad a repasar unos cuantos conceptos para poder afrontar lo que se le venía encima, y de paso se acercó a ver a Bernardo.
Llegando al departamento de Física Nuclear y de Partículas, vio en al final del pasillo a Dolores hablando con Jaime Nucias, un profesor de Física Atómica, que llevaba un par de años en la Universidad y estaba en el mismo departamento que Bernardo. A Carlos siempre le había parecido un tipo distante y además se le antojaba un tanto ambicioso.
Carlos conocía a Dolores de vista, pero ella no lo conocía a él, ya que no le había dado clase en ninguna ocasión. No se acercó. No tenía de que hablar con ellos.

Entró al despacho y Bernardo no estaba, volvió a salir para preguntarles a Dolores y Jaime si sabían donde estaba, pero habían desaparecido.

-         Después pasaré.- pensó

Se bajó a la cafetería.
-         Marcelo, buenas tardes, ponme un cortado.
-         Enseguida.
-         ¿Has visto a Don Bernardo?
-         No, no lo vi en todo el día. No vino esta mañana a tomar café, y eso es muy raro en él, no suele fallar ningún.
-         Que raro, bueno alguna cosa tendrá que hacer.

Carlos pasó al día siguiente, obteniendo el mismo resultado… y al día  siguiente, y esto si que le empezó a preocupar. Le estuvo llamando al móvil, sin obtener contestación. Por la noche cuando llegó a casa, fue directo a consultar el correo, y vio que tenía un mail en su buzón de entrada. Era de Bernardo y decía así:

“Buenas noches Carlos, no te llamo porque es muy tarde, pero tengo que decirte una cosa, creo que he descubierto algo. Si es lo que pienso, hemos dado con él. Pásate mañana y te lo explico”.

Tenía fecha de hacía dos días a las 00:30 horas.

Esta fue la última noticia que tuvo de Bernardo, había desaparecido, como se lo hubiese tragado la tierra.


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