jueves, 3 de febrero de 2011

CAPÍTULO 2 "LA PISTA"


Wei Gómez Chang a sus veintisiete años, ya era profesora de Geología en la Complutense de Madrid. Su padre Jacinto, se pasó la mayor parte de los años ochenta en China, colaborando con una ONG. Allí había conocido a Xiaomei, con la que tuvo un romance. El fruto de ese idilio había sido Wei. Al darse cuento de su estado, Xiaomei lo había ocultado debido a la vergüenza que le suponía a una mujer china soltera un pueblo Heilongjiang, cerca de Mongolia, estar embarazada de un occidental, además del carácter conservador de su familia y de todo su entorno.
Al nacer Wei, Xiaomei le dijo a Jacinto:

-         Llévatela a España. Es lo más bonito que me ha ocurrido en la vida y es el fruto de mi ser, pero mi familia la va a rechazar… y a mi también. Además es una niña, aquí no va ha tener oportunidades.
-         ¿Pero como? ¿Yo solo?
-         Si, tú sólo en España será mejor que aquí conmigo.
-         Vente conmigo Xiaomei, nos casaremos y viviremos en España.
-         No puedo, mi sitio está aquí.
-         Pero…
-         No hables más y corre, viene mi padre, como nos vea con la niña…, no lo quiero ni imaginar.


Jacinto cogió al bebé en brazos, y partió hacia Madrid.
Estuvo los siguientes años trabajando para sacar adelante a Wei. Se casó con María, una compañera de trabajo que se había enamorado de él y asumía con perfecta normalidad que tuviera una niña.
María había criado a Wei como si fuera suya, pero llegó un momento en que era evidente, hasta para una niña, que sus rasgos orientales no se correspondían ni con su padre, ni con su madre. Entonces vinieron las preguntas.
Jacinto le explicó como pudo la historia a Wei, pero para una niña de 8 años no era fácil entender que tenía otra madre y que no había querido cuidarla.
Conforme pasaron los años, Wei fue comprendiendo los motivos de su madre, al entender que la cultura china en el medio rural no era fácil para las mujeres. En cualquier caso, para su parecer, no se justificaba, porque un hijo es un hijo. Lo único que en cierto modo la consolaba, era que su madre no la había abandonado a su suerte como tantos miles de niñas, la había dejado en las mejores manos en las que podía estar; con su padre.
Wei había cursado sus estudios de Geología en Madrid, y en el último año se “enchufó” de becaria en el laboratorio y había conseguido una plaza de profesora en la Complutense.

Antes de empezar las clases de septiembre, para sacarse unos extras, Wei había conseguido realizar unos seminarios de “Geología aplicada a la ingeniería” en la Universidad de Valencia.
El segundo día, después de la ponencia, se dirigió a la biblioteca para leer un rato. Al acabar se disponía a salir cuando oyó que le alguien le llamaba.

-         Chist, perdona.
-         ¿Yo?- Pregunto Wei

 Al girarse, Carlos pudo comprobar la belleza de Wei, esa mezcla oriental le confería unos rasgos que le dejaron ensimismado.

-         Si…, te has dejado el móvil en la mesa
-         Muchas gracias, menos mal, no se que hubiera hecho si me quedo sin móvil.
-         Te entiendo, me ha pasado alguna vez.
-         ¿Cómo te lo puedo agradecer?
-         Nada mujer, cualquiera lo hubiera hecho.
-         Bueno pues muchas gracias de nuevo. Hasta la vista.

Cuando se marchaba, Carlos se decía a si mismo:

-         Pero como soy tan capullo. Era la oportunidad perfecta… Siempre me pasa lo mismo, en el momento de la verdad me acobardo y así me va.

Carlos iba todos los días a repasar en la biblioteca, todo lo relacionado con su doctorado.
Ya habían pasado dos meses y medio desde la desaparición de Bernardo. Fue Dolores quien denunció su desaparición, la Policía Nacional estuvo investigando durante todo ese tiempo hasta archivar el caso. No había signos de violencia en su apartamento, ni se había encontrado el cuerpo, ni ningún indicio de delito alguno, por lo que al no haber crimen, no seguía la investigación. Pasaba a ser una cara más en el póster de “Desaparecidos” que tienen en comisaría.
Carlos había hablado en varias ocasiones con Ramírez, el comisario que había llevado el caso.
Ramírez era el típico policía duro, curtido en el cuerpo, al que no se escapaba nada. Pelo canoso y poblado, un tipo fuerte y de estatura media con una mirada penetrante.
Carlos nunca le dijo que había recibido un mail el día antes de su desaparición. Aunque supiera que estaba ocultando pruebas, más concretamente la única prueba, y la última comunicación con alguien que él supiera, prefirió no decir nada de momento.


Al salir de la biblioteca se vio de frente con Dolores, no pudo evitar peguntarle por Bernardo.

-         Hola.- Murmuró Carlos con voz un tanto temblorosa.
-         Hola. ¿Nos conocemos?
-         Si. Bueno no…
-         ¿Si o no? Jovencito, no tengo ni tiempo ni humor para acertijos.
Por esa contestación Carlos adivinó que las cosas seguían igual con respecto a noticias sobre Bernardo.

-         Quiero decir que yo si que la conozco a usted, pero usted a mi no.
-         ¿Y?- Contesto Dolores con la paciencia casi agotada.
-         Soy Carlos, alumno de Bernardo.

Al oír aquello, la cara de Dolores cambió, dibujando una leve sonrisa que parecía querer disimular.

-         ¿Carlos? ¿El que iba a hacer el doctorado con él?
-         Si señora, iba…- Carlos se quedó callado y Dolores también.- ¿No se ha vuelto a saber nada?
-         No.- Dolores bajó la cabeza.- Por desgracia nada. ¿Tú sabes si dejó alguna nota, algún mensaje?

Carlos también se lo ocultó a Dolores. No sabía ni siquiera si Bernardo estaba vivo, ni porqué había desaparecido, ni nada de nada. Todo esto le resultaba de lo más extraño, y no quería hablar con nadie de ese tema, ya que lo más probable es que tuviera alguna relación con la desaparición de Bernardo

-         No, nada, y a usted ¿le dijo algo antes de desaparecer?
-         Tampoco. No se nada de él desde el día que fuimos al cine a ver el Código Da Vinci. Esa mañana ni se despidió de mí, se levantó y se fue temprano a la Universidad. Ya no lo volvía a ver. Me siento muy sola.
-         Si yo también lo echo de menos…
-         Bueno por lo menos podrás realizar tu doctorado con Jaime Nucias.
-         Si.

Carlos asintió extrañado, era la primera noticia que tenía de que le hubieran asignado otro tutor para realizar el doctorado. Es más. ¿Cómo lo sabía Dolores antes que él?
Se dirigió hacia el despacho de Bernardo. Al entrar se quedó boquiabierto al ver que estaba todo recogido y ordenado, y detrás de la mesa había otro hombre….

----------------------------------

Jaime Nucias había ocupado el despacho de Bernardo y al parecer se iba a quedar con las asignaturas que impartía. Esto a Carlos no le hizo mucha gracia en un principio, no conocía en profundidad a Jaime pero no le daba buena espina.

-         Pasa, pasa.
-         Bue… Buenas tardes.- titubeó Carlos
-         No esperabas verme aquí ¿verdad?
-         No, la verdad es que no.
-         Bueno voy a ocuparme de los temas de Bernardo hasta que se aclare este asunto.
-         ¿Aclare? Bernardo ha desaparecido sin dejar ni rastro.- Se molesto Carlos casi levantando la voz.
-         Bueno, tranquilo, esto no es fácil para nadie.
-         Si, ya.- contestó en tono irónico Carlos, como diciendo.- A ti que te va importar lo que le haya pasado.
-         Una de las cosas que tenemos que retomar es el asunto de tu doctorado. En la última reunión del departamento, se acordó que yo seguiría con todo lo suyo, incluido tú.
-         Vale cuando me organice empezamos, yo me paso y hablamos.
-         Nos vemos.
-         Hasta luego.

Carlos no quiso dejar ver su malestar con la nueva situación, le parecía que “este” Jaime, quería aprovechar la situación para quedarse con la cátedra de Bernardo, y esto le parecía de un oportunismo que le revolvía el estómago, casi era como robar.


Al día siguiente, Carlos volvió a la biblioteca a pegar el último repaso antes de despachar el planteamiento con Jaime. Había pensado que aunque no fuera santo de su devoción, tenía que aprender a llevarse a bien con él hasta que se fuera a Ginebra.

En la biblioteca volvió a encontrarse con Wei. La miró y se dijo que esta vez tenía que decirle algo, no podía dejar pasar la oportunidad.

-         Buenas tardes…- En ese momento Carlos cayó en la cuenta de que no sabía su nombre.
-         Wei, me llamo Wei.
-         Vaya, que original, yo Carlos.- Pero que tontería acabo de decir, se va a pensar que soy imbécil.
-        Hombre, para ti si, pero es uno de los diez nombres más comunes en China.
-        No lo sabía. ¿Eres de allí?
-        Nací allí, pero me vine nada más nacer. Mi padre es español, pero es una historia muy larga…
-        Perdona no quiero molestarte.- Carlos se dio cuenta que no quería hablar de ese tema y cambió de conversación.-Creo que ya se como puedes agradecerme lo de ayer.
-        Vale dispara, pero no te pases.
-        Solo quiero invitarte a un café y charlar un rato.
-        Hecho.
-        Vale pues vamos a la cafetería de abajo.-

Carlos pensó que si había reunido el valor para dar ese pasó, ya no se le podía escapar.
Estuvieron hablando hasta la hora de cenar. A Wei tampoco le desagradaba Carlos, lo veía una persona muy interesante y a decir verdad, le atraía también físicamente.


Estuvieron viéndose toda la semana, teniendo largas conversaciones, pero sin dar ningún paso más. El último día de seminario también se vieron y fueron a hablar como siempre.

-         Mañana me voy a Madrid.
-         ¿Ya?
-         Si, me da pena, pero van a empezar las clases y debo de irme.
-         Bueno, pues… Carlos no sabía que decir.- Dame tu móvil, podemos seguir en contacto ¿no?
-         Apunta.- Carlos se apuntó su número.- Pero quisiera darte algo más.
-         ¿El que?

Wei se acercó y le dio un beso en los labios. Carlos se quedó extasiado, sin saber que decir, sin reaccionar, quería parar ese momento para siempre.

-         Adiós Carlos. Me ha encantado conocerte.
-         Pero, pero….

Wei se levantó sin decir nada más, se fue con prisa y con una lágrima rodando por su mejilla.

Carlos pensaba:
-         Mierda, mierda ¿Qué ha pasado? ¿Por qué la he dejado irse?- Cada vez soy más idiota


Después de una semana, Carlos aún tenía en la mente a Wei, pero volvió a hablar con Jaime. Estuvieron repasando conceptos y planteando como iban a enfocar el doctorado.  Al formar parte de una investigación realizada por Bernardo, y no estar éste presente, no tenían muy claro como encajarlo. Jaime se hacía cargo de los temas de Bernardo, pero continuar la investigación de otra persona, era tarea casi imposible. Al final acordaron que Carlos seguiría con lo que tenía previsto, y que las dudas que le surgieran las consultaría con Jaime.

-----------------------------


Carlos estaba en casa repasando los CDs de Bernardo, y ya dándole forma en un documento de Word a sus propias conclusiones. No dejaba de darle vueltas a la desaparición de Bernardo, cuando de pronto se le ocurrió una cosa en la que no había caído hasta ahora, examinó las carpetas de los CDs para ver si había archivos ocultos y ... eureka.
Encontró un archivo oculto y que además le pedía una contraseña de acceso.
En ese momento sonó su teléfono móvil, era un número que no tenía memorizado.

-         Dígame.- contesto Carlos intrigado-

La voz que oyó estaba muy alterada y temblorosa, como si algo grave hubiera pasado.

-         Carlos, soy Dolores, necesito verte urgentemente, es sobre Bernardo…

No hay comentarios: