lunes, 28 de febrero de 2011

CAPÍTULO 5 “LA PARTIDA”

Contuvieron la respiración, no podían ni moverse, el miedo les había dejado paralizados. Movieron la cabeza lentamente el uno hacia el otro, cruzando la mirada antes de girarse para ver quien les había llamado la atención.
Detrás de ellos estaba en mitad del pasillo una figura que no esperaban. Pepe el conserje. Su bigote parecía como oxidado, no se sabe si por tirar el humo del Ducados por la nariz, o porque solo tenía la parte central de color marrón y el resto canoso. El poco pelo que le quedaba estaba todo enmarañado, y sus ojos hundidos se clavaban en los dos jóvenes como si los atravesara.
Carlos y Miguel no habían tenido mucha relación con Pepe, lo típico de todos los alumnos. Tampoco es que se llevaran mal, era la típica sensación de que te parece un tipo simpático aunque no sea con el que más trato tienes, como una complicidad nunca declarada. Carlos no sabía si esto le ayudaría. Ahora se acordaba de todos los momentos en los que podía haber sido más simpático con Pepe, y retrocedía en su memoria buscando alguna anécdota que le ayudara a salir de esta embarazosa situación.
Ninguno de los tres dijo nada en unos instantes. Por fin Miguel dijo con la voz entrecortada mientras acababa de girarse a la vez que Carlos.

- ¿Nosotros?
- Si, vosotros. ¿Que lleváis ahí?
- Nada, unas cosas… para hacer un trabajo.- Apuntó Carlos
- ¿Unas cosas?

La voz de Pepe se les clavaba en los oídos. Estaba claro que los había pillado, si no, no preguntaría de esa manera, y ellos lo sabían.
Pepe se iba acercando poco a poco, escrutando con su mirada a los jóvenes y sobre todo a la carga que llevaban. Carlos pensó en salir corriendo, en ocultar la caja y el ordenador, en buscar la manera de salir de este embrollo.

- Si unas cosas del laboratorio.- Improvisó Carlos.
- Yo creo que… no son del laboratorio.

Un calor intenso le subió por todo el cuerpo. Estaba claro que todo se había acabado, no podrían ver lo que había en el ordenador de Bernardo y desentrañar el misterio.

- Me da la impresión de que son “cosas” que no son del laboratorio, más bien son del trastero.
- Si Pepe, te lo podemos explicar.
- Por supuesto que me lo vais a explicar. Vamos a mi despacho.

Se dirigieron hacia la entrada de la universidad donde tenía el despacho Pepe. Ellos iban delante y el conserje detrás como si fuera un escolta.
Carlos y Miguel apenas podían caminar, les temblaban las piernas. No sabían lo que les podía pasar, desde una reprimenda hasta… por Dios, esperaban que no llamara a lo policía, eso sería horrible, a final de mes Carlos partía para Ginebra, se le podían venir abajo todos lo planes.
No se cruzaron con nadie por el camino, llegaron al despacho y al entrar Pepe cerró la puerta.

- A ver señores, ¿me pueden decir donde van con este material?- Y no me digan que es para hacer un trabajo.
- Eh….- Ninguno sabía como empezar.
- No, no mejor primero díganme cómo han entrado al aula-trastero. –Interrumpió Pepe.
- Pues… Forzando la puerta.

Carlos pensó que ya no valía la pena mentir, si algo había aprendido en esta vida, es que con la verdad se llega más lejos que mintiendo.
Mientras contestaba, miraba a los ojos de Pepe intentando averiguar que se le pasaba por la cabeza, que intenciones tenía.

- Vale, está bien y ¿porqué?
- Mire, soy Carlos Guzmán y estaba haciendo el doctorado con Bernardo Sánchez, este es su ordenador y quería mirar unas cosas…
- Ahora que lo dices, ya se quien eres. Pero… ¿por qué no me lo pediste?
- No se, como Bernardo desapareció y estaba bajo llave y…
- Mira, creo que contigo si que puedo hablar.- Pepe miró hacia la puerta para asegurarse de que no venía nadie y bajó la voz- Cuando Bernardo desapareció, recogí todas sus cosas y las guardé. Como la policía no me preguntó, yo tampoco dije nada y sus cosas están aquí desde entonces.
- ¿Y nadie de la universidad dijo nada? ¿No preguntaron por el ordenador y todo lo demás?
- El que lo sustituyó, ¿como se llama?
- Jaime, Jaime Nucias.- Aclaró Carlos.
- Si, ese. Pues tenía tantas ganas de quitarle el puesto, que cuando llegó y vio que la mesa estaba despejada, no preguntó nada y se quedó el despacho.
- Bueno y ¿porqué lo ha guardado todo?
- Porque he estado esperando este momento. Bernardo era buen amigo mío, bueno lo es, nadie ha dicho que haya muerto. No confío en nadie y pienso que entre sus cosas puede haber algo que nos ayude a aclarar que pasó y donde se encuentra. Solo a ti te hubiera dejado llevártelas, solo tenías que pedírmelo.

Carlos y Miguel no salían de su asombro, mira por donde, de pensar que se iban al calabozo, habían encontrado un aliado.

- Vale pues le prometo que voy a poner todo de mi parte para averiguar el paradero de Bernardo.
- No lo dudo. Si necesitas cualquier cosa, me encontrarás aquí, o llamándome al teléfono de la universidad. Bueno no. No me fío, mejor toma anótate el móvil.

Carlos tomó nota del móvil de Pepe. Miguel miraba toda la escena atónito. No salía de su asombro al ver la reacción del conserje, y darse cuenta de la que se habían librado.
Pepe insistió en acompañarles hasta la puerta para que no tuvieran problemas si se encontraban a alguien. De todas formas no se encontraron con nadie por los pasillos.
El conserje se aseguró de dejarles bien claro que si necesitaban más documentación o trastos de Bernardo, se pusieran en contacto con él con toda confianza. Parecía sincero de verdad.
Carlos estaba ansioso por llegar a casa y ponerse a escudriñar todos los archivos del ordenador. Se subió al coche, llevó a Miguel a su casa y se dirigió a la suya rápidamente.
Al llegar, sus padres estaban poniendo la mesa, se estaba haciendo la hora de comer. Carlos se dirigió a su cuarto directamente para instalar el equipo. Ya tenía todos los cables conectados cuando su madre le llamó para comer, el dijo que ya iba, pero ante la insistencia de los padres de que la comida se enfriaba, tuvo que dejarlo para después e ir a la mesa.
Su madre había preparado los canelones que tanto le gustaban y una ensalada bien regada de vinagre. Le miraba como pensando que faltaba poco para que se fuera a Ginebra, y que ha saber lo comería allí, seguro que pasaría a base de sándwiches, hamburguesas, pizzas y cosas de esas por el estilo, que las madres nunca recomiendan. Le iba a echar de menos. Sólo esperaba que él estuviera tan entretenido que no le diera tiempo a extrañar a su familia y su barrio. Por otro lado pensaba, que igual allí encontraba una novia, que falta le hacía, aunque tampoco sería muy buena idea, ya que le podía distraer de sus estudios. En fin, que estaba padeciendo por él, como hacen todas las madres.
Carlos se acabó la comida bastante rápido y sin comer postre volvió a su cuarto.
Encendió el ordenador de Bernardo y empezó a buscar por las diferentes carpetas. Encontró varios archivos de Outlook, donde se almacenaban los correos. Abrió uno por uno buscando directamente los últimos de julio de 2007, que serían los que Bernardo no tuvo tiempo de guardar en las copias de seguridad de los CDs.
En una de las carpetas, el último correo que había, era el que le llegó a él el 19 de Julio a las 00:30 de la madrugada, el mismo día que tenía previsto verse con él, pero esto no era noticia. Lo interesante era el correo de antes, que era la contestación de Walter al correo que le envió Bernardo. Lo había recibido ese mismo día 19 a las 18:18 con un archivo adjunto y decía lo siguiente:

“Hola Bernardo, te envió lo último que he averiguado sobre el gravitón. No lo he comentado todavía con nadie, tú eres el primero.
¿Te ha llegado ya el Neodimio?
Tu ayuda me será inestimable en esta recta final, casi lo tenemos. Aunque me temo que no podremos llevarlo a la práctica hasta que arranque el colisionador.
Mantenme informado de los avances.
Nos vemos en Ginebra.

Un saludo Walter Braun”


¿El Neodimio? Ese era el mineral que aparecía en el archivo oculto de la copia de seguridad. ¿Qué querría decir que si le había llegado ya? ¿Acaso le había enviado Walter o alguien el mineral por correo? Si era así, ¿lo habría llegado a recibir Bernardo?
Se despedía que diciendo que se verían en Ginebra, por lo que dedujo que tanto Walter como Bernardo tenían pensado ir al LHC.
Esto se complicaba cada vez más. Carlos dejó sus elucubraciones para más tarde y abrió el archivo adjunto. Era una serie de fórmulas anotaciones fotos y texto sobre la investigación de Walter. Se puso a estudiarlo, intentando comprenderlo todo y poder sacar alguna conclusión.

Después de varios días de estudio, recopilar información, repasar conceptos y volverse casi majareta, más o menos lo tenía claro. La conclusión que sacó es que si se consiguieran aislar gravitones y concentrarlos en una esfera metálica, con la ayuda de un mineral raro, el Neodimio, se podría teóricamente invertir el campo gravitatorio y generar energía.
Carlos estaba enlazando esto con lo que había estudiado sobre las ecuaciones de Hilbert y Franklin Felber, pero había una serie de dudas, aunque eso teoría fuera cierta, ¿Cómo iban a alcanzar el 57,7% de velocidad de la luz? ¿Y que pintaba el Neodimio en todo esto?


Estas dudas estuvieron rondando la cabeza de Carlos hasta que tuvo que partir a Ginebra. Miguel se hubiera ido con él, pero no tenía una beca y necesitaba buscar un empleo.

El avión destino Ginebra salió en hora, Carlos miraba por la ventanilla como se iba haciendo la pista de despegue más pequeña, y los coches y las carreteras,… todo se hacía más pequeño conforme iban subiendo. Todo, menos sus ganas de llegar y ponerse a trabajar.

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