domingo, 27 de marzo de 2011

CAPITULO 6 "¿CASUALIDAD?"

Al llegar a Ginebra, Carlos recorrió el aeropuerto hasta llegar a la puerta de salidas donde le cogió un taxi que llevo hasta la residencia de estudiantes. Tenia ganas de llegar para instalarse y sobre todo para ir al LHC y ver su interior ¿Que demonios habrá allí dentro? Al llegar se encontró en la puerta con José Vicente, el historiador que conoció en el ministerio.
José Vicente era un tipo recio, él pensaba que estaba estupendo de la muerte, pero la verdad es que estaba un poquito fondón. Tenia los ojos muy cerrados, casi como un chino y muchos amigos le llamaban así; chino. Se dejaba una fina barba que más bien parecía una fila de hormigas que le corría por la cara.

-         Hola Carlos. Nos vemos de nuevo.- Se adelanto el historiador.
-         Hola José Vicente. ¿Como lo llevas? Ya estamos aquí.
-         Si, ya estamos aquí. A ver como empezamos.
-         Si, vamos a ver.
-         ¿Qué has hecho durante estos meses?
-         Nada del otro jueves. Prepararme para este año aquí.
-         Bueno como yo… más o menos.

Ambos se dirigieron hacia la recepción para solicitar su habitación.
Les había tocado un cuarto junto al otro, compartían una pared, justo la del escritorio.
Tenían además una pequeña cama, un baño y una cocina minúscula. La ventana daba a un jardín, la verdad no muy exuberante, pero por lo menos había césped y el ver todo verde era bastante agradable.
En la mesa tenían una nota de bienvenida donde les decían que al día siguiente tenían que personarse en el despacho de Helmut Thoma, el responsable de los becarios. Bueno, por lo menos el día de la llegada les habían dejado descansar.
Esa noche Carlos estaba cansado pero tampoco pudo dormir a pierna suelta ya que la inquietud por verlo todo y ponerse a trabajar lo tenía en duermevela.

A la mañana siguiente se levantó y se dirigió hacia el despacho de Helmut, donde ya estaba Jose Vicente.
Helmut, les explicó como funcionaba todo allí y les dio una vuelta para que lo conocieran. Las oficinas y laboratorios, no le llamaron la atención excesivamente. Eran nuevos y con los últimos avances, pero nada que se saliera del marco. Lo que si de verdad era digno de mención, era el túnel del acelerador. No sólo por la obra de ingeniería que allí se encontraba, sino por las dimensiones y por el impacto que causaba estar allí dentro. Era enorme, impresionante, sobrecogedor y maravilloso.
La perspectiva del pasillo, en el que se juntaban en la lejanía los tubos, cables, bandejas, conductos y todos los elementos que recorrían los kilómetros de pasadizo, era algo que maravillaba a cualquiera.
A mitad de recorrido se encontraron con una persona que estaba allí con otros dos estudiantes, éstos eran americanos.

-         Os presento a Walter Braun. Un experimentado investigador que ha trabajado en el Tevatrón de Illinois.

Carlos se quedó petrificado. Walter, el profesor con el que había colaborado Bernardo estaba delante de él.

-         Buenos días soy Carlos, Carlos Guzmán, de la Universidad de Valencia. Era alumno de Bernardo. No sabe las ganas que tenía de conocerle. He estudiado a fondo su trabajo y…
-         No tan deprisa, no tan deprisa. Ya se quien eres y por eso estás aquí. Tengo muchas cosas que hablar contigo y mucho trabajo.- Le interrumpió Walter con un marcado acento americano.- Pero ahora no es el momento. Me pondré en contacto contigo.

Carlos se quedó un poco chafado. Después de tanto tiempo pensando si le mandaba un mail o si lo localizaba para hablar de la desaparición de Bernardo, le decía que “no tan deprisa”.

Los días siguientes Carlos se fue familiarizando con las instalaciones. Conociendo el futuro funcionamiento del colisionador, ya que se tenía pensado hacer las primeras pruebas reales en septiembre de 2008. Faltaba un año todavía. Lo que iba ha estar haciendo allí Carlos y la demás multitud de estudiantes, becarios e investigadores, eran los último ajustes, pruebas “en vacío”,  elaboración de hipótesis de posibles escenarios tras la puesta en marcha.
No hay que olvidar, que hay numerosos detractores en todo el mundo de este colisionador. Hay algunos que vaticinaban la destrucción de La Tierra provocada por la generación de un agujero negro, la creación de un vacío cuántico de resultados no pronosticables… por no hablar de los grupos religiosos más ortodoxos que auguran la ira del maligno al querer los mortales jugar  ser dioses.

Al evaluar todos estos temas, es cuando vio la necesidad de la figura de José Vicente. Estaba claro que un análisis sociológico sin perder de vista la parte científica era necesario en un proyecto de estas características.

Unas de esas noches, Carlos se fue a su cuarto pronto y se puso a ver las noticias. El locutor decía:

“El magnate de los electrodomésticos, equipos informáticos y automóviles, Yong Mao, ha adquirido un gran número de minas repartidas por todo el país. Estas minas se dedican a la explotación de las llamadas tierras raras, entre las que se encuentran el lantano, lutecio, neodimio, escandio etc….
Actualmente, China produce prácticamente la totalidad de tierras raras en el planeta, que son cruciales para una amplia gama de tecnologías, incluyendo los discos duros, los paneles solares, y los motores para vehículos híbridos.
 En respuesta a la posición dominante de China en la producción de tierras raras, los investigadores están desarrollando nuevos materiales que puedan reemplazar a los minerales de tierras raras o reducir su necesidad. Sin embargo, es probable que estos materiales y tecnologías tarden años en desarrollarse y las alternativas existentes cuentan con compromisos importantes. Por ejemplo el Neodimio, es uno de los elementos de las tierras raras clave para fabricar unos imanes muy potentes necesarios para los motores eléctricos compactos.”

Vaya, el neodimio volvía a aparecer en escena, y a Carlos le dio la impresión que esto no era casualidad.




Pasaron los meses y Carlos iba acabando su Tesis. Completó tanto las investigaciones de Bernardo como las de Walter. No se pudo llevar a la práctica todo el desarrollo teórico, ya que para ello se debía poner en marcha el colisionador, y a Carlos se le acababa el tiempo y debía de presentar la Tesis si quería obtener el doctorado.
El resultado fue tan sumamente bueno, que Walter y Helmut, no dejaron pasar la oportunidad de ofrecerle un trabajo en el CERN.
Esto a Carlos le entusiasmaba, pero antes de decir un sí rotundo, argumento que debía pensarlo ir a España y contestaba una vez hubiera defendido su tesis.

Lo que más le había extrañado, es que durante los meses que estuvo allí, Walter no le hubiera sacado el tema de Bernardo. Únicamente, Carlos un día le preguntó si sabía algo y Walter le dijo que todo a su tiempo, que se centrara en su trabajo y no se preocupara por eso.

Su vuelta a Valencia se le hizo interminable. Tenía ganas de volver a ver sus padres, comer esos canelones que hacía su madre, tomarse unos tercios con Miguel en “El Refugio”.

Sus padres fueron a esperarlo al aeropuerto, y se fueron a comer un “arroz a banda” a la playa de Pinedo, antes de volver a casa. Allí estuvieron a la orilla del Mediterráneo, charlando y poniéndose al día de todo.

Carlos defendió la Tesis sin ningún problema, y obtuvo la nota máxima.
Al salir, Jaime Nucias le dijo:

-         Muy bien Carlos. Y ahora ¿vas a aceptar el trabajo en Ginebra?
-         ¿Cómo sabes que me han ofrecido un trabajo?

Jaime se quedó parado, como si hubiera metido la pata. Le costó unos segundos contestar:

-         Pues…- hizo una pausa y cogió aire- me lo dijo Helmunt, al pasarme el informe de tu trabajo.
-         Ah. – Contestó Carlos desconfiando.- Pues no lo sé, primero necesito unas vacaciones. ¿Por qué lo preguntas?
-         No por nada, es por curiosidad.
Carlos no se creyó ni una palabra, estaba claro que Jaime ocultaba algo, pero… ¿el qué?


De todas maneras lo tenía claro, iba a aceptar el trabajo, le quedaba mucho que hacer con Walter, además el arranque del colisionador era en Septiembre y le apetecía colaborar y si había opciones, llevar a la práctica su todo lo que había estado desarrollando.
Pero antes tenía otros planes, irse de vacaciones, airearse un poco, entonces llamó a Miguel.
No le puso muchos problemas para aceptar. Una vez que se habían puesto de acuerdo en las fechas, decidieron el destino. China.
Iban a viajar a Pekín y después harían una ruta por la parte más septentrional del país. Se iban a pegar un mes de agosto descubriendo la cultura oriental.
Reservaron los billetes, iban escala Madrid-Londres-Pekín. El alojamiento no lo tenían muy claro ya que un amigo les había dicho que podían buscarlo sobre la marcha, pero no querían arriesgarse y prefirieron plantearse la ruta sobre plano y reservar los hoteles desde Valencia. Esto les hacía menos flexible el viaje, pero les daba más tranquilidad.

Llegó el día del salir y cargaron con las maletas, algunos yuanes para los primeros gastos y poco más. Carlos se llevó un par de libros por si le entraba “mono” de ciencia.
El vuelo hasta Madrid se les hizo corto. Se dirigieron a la puerta de embarque y allí en la cola estaba ella.
Wei abrió los ojos asombrada, se dirigió hacia él y se dieron un abrazo.

-         Pero Wei, cuanto tiempo sin saber de ti.
-         Carlos, madre mía, cuanto me he acordado de ti.
-         Y yo de ti. Pero que guapa estás.
-         Gracias, tu tampoco estas mal.
-         Ejem, ejem.- llamó la atención Miguel viendo que la situación se estaba poniendo un tanto empalagosa.
-         Perdona. Miguel Wei, Wei Miguel.- Carlos hizo la correspondiente presentación.
-         Pero donde vas ¿a Londres?- Preguntó Wei.
-         Si, bueno vamos a Pekín de Vacaciones, escala en Londres.
-         No fastidies, yo también voy a Pekín… pero por otros motivos.- Wei bajo la cabeza y su semblante se volvió serio.
-         ¿Pasa algo?
-         Bueno ahora te cuento, que nos toca embarcar.

Entregaron la tarjeta de embarque y se dirigieron al interior del avión. El asiento no estaba cerca, pero no tuvieron problema en cambiarlo y ponerse juntos.

-         Bueno, cuéntame que pasa.
-         Hace unos días llegó una carta a casa. Tenía el matasellos  Hegang, China. Era de mi madre biológica. Está muy enferma y en su carta le dice a mi padre que le gustaría verme antes de morir.
-         Cuanto lo siento.
-         Gracias, estoy bien. Tengo una sensación rara. Al principio no quería ir, pero entiendo en cierto modo sus razones. Y si está tan mala y me quiere ver, pues… en el fondo yo también quiero conocerla.
-         Pero, ¿Cómo te vas ha entender con ella?
-         No lo se, no creo que sepa inglés. Mi padre le enseño algo de español, pero no se si se acordará. Han pasado muchos años.
-         ¿Vas a estar muchos días?
-         Pues no lo tengo claro, la semana que viene vendrá mi padre, está acabando unos asuntos y no ha podido venir ahora. Entonces decidiremos que hacer.
-         Nosotros vamos a estar todo el mes haciendo ruta por las provincias de Jilin, Heilongjiang, algo de Mongolia.
-         Yo voy de Pekín a Jiamusi, allí cerca está el pueblo de mi madre. Está en la provincia de Heilongjiang, podremos coincidir.
-         Mejor aún, vamos a ir contigo.
-         Pero, ¿no tenéis planificado el viaje?
-         Ya lo arreglaremos.
-         Jodeeeeer.- Exclamó Miguel.
-         Vale tío, un poco de aventura, que falta nos hace.
-         Bueno, pero si nos cobran recargo por las anulaciones lo pagas tú.
-         De acuerdo, tacaño.

El vuelo a Londres no se hizo muy largo. Carlos iba pensando todo el rato que esta vez no se le podía escapar, tenía que conseguir enrollarse con Wei. Ya se encargo de averiguar que no tenía novio y analizar un poco su estado de ánimo. Pero tendría que ver como se las arreglaba con Miguel, si le salía bien el plan no iba a estar de farola todo el viaje.

En Londres estuvieron varias horas, aprovecharon para ponerse al día de todo, comer, dar una vuelta por las tiendas y esperar, sobre todo esperar.

Al subir al siguiente vuelo ya cansados, y habiéndose contado tantas cosas, Carlos se disponía a echar una cabezada, y para coger el sueño le gustaba siempre leer un poco, aunque fueran un par de páginas. Cogió de su mochila de mano, uno de los libros que le había prestado Bernardo antes de desaparecer, y al volver a dejar la mochila en el guardamaletas de arriba, se le cayó el libro al suelo. Wei se agachó a recogerlo y de entre las páginas había salido una fotografía antigua. Wei se quedó paralizada mirándola, sin reaccionar.

-         ¿De donde has sacado esta fotografía?- Le preguntó a Carlos.
-         ¿Qué fotografía?- Se extraño él, que no sabía ni siquiera que estaba allí.
-         Esta que estaba en tu libro.
-         Pues no tenía ni idea de que estaba ahí. Es un libro prestado. ¿Por qué?
-         Este…, es mi padre.
-         ¿Queeee?- Dijo Carlos casi gritando a la vez que le cogía la foto de las manos.

Miguel que estaba casi dormido en el asiento de atrás se incorporó para enterarse de lo que pasaba. En la foto había tres hombres jóvenes como en medio de la selva. Uno era Bernardo, otro Walter Braun y el tercero, según decía Wei, era su padre.

-         Lo flipo.- Exclamó Miguel que se había quedado con la boca abierta.

Esto era demasiado, ¿que cojones pintaba el padre de Wei en una foto de por lo menos hace treinta años, con Bernardo y Walter?
Carlos, ya no por físico sino por su experiencia en la vida, pensaba que eso no podía ser casualidad. Su cabeza empezó ha buscar coincidencias, pistas, rebuscando en el pasado para ver que relación podían tener.

-         Wei. ¿Cómo se llama tu padre y a que se dedica?
-         Se llama Jacinto y es geólogo como yo.
-         Y esta foto. ¿te suena de algo?
-         No, pero parece por donde están y la antigüedad, de cuando estuvo mi padre en China. ¿Pero quien son los otros dos?
-         ¿No te suena nada más?
-         No, nada, pero dime que pasa. ¿Y porqué está mi padre en esta foto?
-         Pues no lo se aún, pero te prometo que lo vamos a averiguar. No se como, pero lo vamos a averiguar.


Carlos al final ni leyó ni nada, se quedó dormido dándole vueltas a todo esto e intentando buscar respuestas.



El viaje hasta Pekín si que fue pesado. El aterrizaje fue un poco movidito, había tormenta.
Nada más bajar del avión Carlos le recordó a Wei que llamara a su padre para ver si podían aclarar algo de lo que habían descubierto.

-         Pero si en España son siete horas menos que aquí. Aún no se habrá levantado.
-         Bueno, pues en cuanto sea una hora normal le llamas y le preguntas.
-         Vaaale.


Fueron a buscar hotel para pasar esa noche allí. El avión para Jiamusi, no salía hasta el día siguiente. Carlos propuso irse en coche, pero Wei que se lo había mirado bien, se lo quitó de la cabeza. Había más de mil kilómetros.
No era difícil encontrar hotel en Pekín, así que buscaron uno cerca del aeropuerto y reservaron habitación. Carlos y Miguel cogieron una para compartir y Wei una para ella sola.
Un poco más tarde Carlos le recordó a Wei que llamara a su padre, y Wei después de intentarlo tres veces desistió. Apagado o fuera de cobertura.
Cenaron en el hotel los tres de manera muy distendida, bebieron vino y comieron el menú degustación del hotel. Wei se levantó para ir al baño y Carlos aprovechó el momento.

-         Voy yo también.

Al llegar a la puerta de los baños. Carlos cogió del antebrazo a Wei y dijo:

-         Espera Wei quería decirte…

Antes de que acabara, Wei se giró, empujo a Carlos contra la pared y le plantó un morreo, que aún le están temblando las piernas.
Carlos estaba que no se lo creía, pero evidentemente no protestó ni lo más mínimo.

Cuando sus labios se separaron, Wei le dijo:

-         Esta noche vienes a mi habitación, ahora vamos a seguir cenando.
-         OK.- Contesto Carlos que no se puso a saltar allí en medio por vergüenza, aunque no le faltaban motivos para ello.

El resto de la cena fue como una nube para él, miradas cómplices, indirectas directas, la cara de Miguel que se empezaba a oler algo…


Tal como habían quedado, Carlos se pasó por la habitación de Wei, sus labios se volvieron a juntar, e hicieron el amor. Dos veces.
Carlos se quedó allí a dormir, a la mañana siguiente le dio un beso a Wei y se fue a su habitación a ducharse y cambiarse de ropa para desayunar e ir a coger el avión.

-         ¿Te la has tirado?- Preguntó Miguel nada más que entró Carlos.
-         Buenos días por lo menos.
-         ¿Te la has tirado?
-         Joder, ¿tanto te interesa?
-         ¿Te la has tirado?
-         Que sí cansino, que sí. Dos veces.
-         TE LAS HAS TIRADO, que pedazo de cabrón, y encima dos veces.
-         Vale tío pero no grites que se va a enterar todo el hotel.
-         Que cojones, si son todo chinos cudeiros, no se enteran.
-         Da igual cállate que con lo que gritas nos va a oír ella.
-         Se la ha tirado.- Volvió a repetir Miguel ya casi susurrando y con una sonrisa en la cara.


Volvieron a llamar a Jacinto con los mismos resultados que el día anterior. Wei estaba empezando a preocuparse, no era normal que su padre estuviera tanto tiempo sin cobertura.
Carlos y Wei intentaban disimular delante de Miguel para que no se sintiera incómodo, cosa que él en cierto modo agradecía.
Llegaron a Jiamusi a media mañana, salieron del aeropuerto a buscar un taxi. Mientras Miguel lo buscaba, Wei llamó de nuevo a su padre, esta vez si que dio señal.

-         Hola cariño que tal. ¿ya has llegado?
-         Si papá, todo muy bien. Te quería preguntar una cosa.
-         Dime hija.

Justo cuando se lo iba a preguntar, un griterío le interrumpió. La gente voceaba señalando hacia arriba. Había un hombre corriendo por los tejados y tres hombres de traje negro le perseguían a toda velocidad. Era como en las películas, una persecución.
Carlos, muy nervioso, se adelantó unos pasos para ver mejor. Al hacerlo le dio un empujón a Wei sin querer, y su móvil cayó al suelo, con la mala suerte de que fue a parar al medio de la calle un coche lo pisó

-         NO ES POSIBLE, DIOS MIO.- Gritó Carlos aterrado.

El hombre que corría huyendo era Bernardo.

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