El archivo se abrió, allí pudo ver Las ecuaciones de Hilbert, es hasta ahora la investigación más “creíble”, para conseguir un motor de antigravedad. David Hilbert, matemático alemán, en 1924 predecía que una masa moviéndose a una velocidad superior a aproximadamente la mitad de la velocidad de la luz produciría un efecto de repulsión al acercarse a una masa que estuviera quieta.
Esto no era ningún secreto, pero lo verdaderamente intrigante eran dos nombres que aparecían Felber y Neodimio.
Lo primero que hizo fue poner los nombres en Google para ver que salía.
Franklin Felber: Físico de los Estados Unidos, ese mismo año, acababa de presentar una solución exacta que confirmaba las predicciones de Hilbert. Una partícula viajando a más de un 57,7% de la velocidad de la luz, originará un cono de antigravedad que podría llegar a impulsar una masa hasta velocidades comparables a la velocidad de la luz.
Neodimio: Elemento químico de la tabla periódica cuyo número atómico es 60. A la temperatura ambiente, se encuentra en estado sólido. Es parte del grupo de tierras raras. Se utiliza entre otras aplicaciones, en los imanes permanentes de gran intensidad de campo.
Como apunte, también se percató de que la producción de este mineral, así como la práctica totalidad de todos los minerales raros, se producía en China, en minas distribuidas por todo el país.
Carlos no acababa de entender que podía significar esto. Al fin y al cabo todo esto era pura teoría, no se había llevado a la práctica. Y ¿por qué lo tenía Bernardo en un archivo protegido? ¿Sería esto a lo que se refería Bernardo en el último mail que le envió? ¿Que había encontrado algo?
Una manera de aclarar algo sería ver si Walter le había contestado a Bernardo al último correo, pero en la copias de seguridad no había nada.
De repente recordó una cosa, Bernardo siempre tenía la mesa llena de papeles y cuando desapareció y Jaime ocupó su despacho, todo eso ya no estaba, sus apuntes, libros, ordenador etc.
Pensó que debería estar guardado en algún trastero o similar en la universidad. Entonces llamó a Miguel.
- Miguel. Me tienes que ayudar a una cosa.
- Dime.
- Tenemos que ir a la universidad a buscar el ordenador de Bernardo.
- ¿Para qué?
- Quiero buscar en su disco duro, hay algún correo que me gustaría recuperar… si existe.
- ¿Si existe?
- Si, es que he visto uno que puede tener contestación, pero no está en la copia de seguridad. Es posible que ni siquiera Bernardo lo llegara a leer.
- Pero porqué no se lo dices al profesor ese que tienes ahora.
- No me fió mucho de él.
- Entonces, ¿Cómo lo quieres conseguir?
- Pues enterándome donde está y cogiéndolo.
- Robándolo querrás decir.
- Bueno como quieras llamarlo, ¿me vas a ayudar?
- De acuerdo, pero esto te va a costar unas cervezas.
- Hecho.
- Venga pues vamos.
Se dirigieron a la universidad en el coche de Carlos, era un martes de primeros de mes y estaban los exámenes de septiembre. Mejor, todos los profesores estarían ocupados. Al entrar en la cafetería, vieron a Marcelo como siempre detrás de la barra.
- Marcelo, buenos días.
- Buen día, señores.- Contestó Marcelo con ese tono sudamericano que parece que estuviera cantando en lugar de hablar.- ¿Qué desean?
- Un café con leche y …
- Yo otro.- Pidió Miguel
Ambos se echaron dos sobres de azúcar en el café con leche y lo removieron con cuidado.
- Oye Marcelo. Aquí hay algún trastero donde dejen cosas viejas, ordenadores, o algo así.
- Pues creo que en la segunda planta, al final del pasillo donde están lo aseos, hay un aula que está inutilizada y la usan para eso. ¿por qué lo quieren saber? ¿que buscan?
- No, nada, es porque tenemos algunas cosas viejas del laboratorio y nos molestan.
- Bueno pues hablen con el Pepe el conserje. Él tiene las llaves.
- Gracias Marcelo.
Se acabaron el café con leche, dejaron el dinero en la barra y se marcharon.
- ¿Qué hacemos, reventamos la puerta o que?- Preguntó Miguel.
- No, le pedimos la llave a Pepe, le decimos que queremos recuperar un ordenador de un catedrático desaparecido y vale.
- ¿Y tú crees que nos la dará?
- Pues claro que no estúpido, estaba de coña. Vamos a pasarnos por la puerta para ver si está muy complicado-
- Vamos.
Subieron hasta el segundo piso y se dirigieron hacia donde les había explicado Marcelo. Tenían suerte, la puerta del aula se encontraba en un descansillo al final de pasillo y hacía un pequeño rincón donde no se les veía, así podrían manipular la puerta sin ser vistos.
- ¿Cómo lo vamos ha hacer?- Decía Miguel sin tener muy claro como entrar.
- Pues con esta ganzúa que tengo aquí.- Carlos sacó del bolsillo la ganzúa y se la mostró.
- Pero… ¿de donde has sacado tú eso?
- Joder tío, que soy del grao.
- Toma y yo, pero no tengo cacharros de esos.
- ¿Te acuerdas del “chiqui”?, que era un poco…
- Si un poco “mangui”.- interrumpió con sarcasmo Miguel- Una vez intentó atracarme.
- Bueno, pues yo tenía cierta amistad con él, y me enseño ciertas cosas.
- Vale, vale, no hace falta que me des detalles. Procede.
Carlos se puso a hurgar en la cerradura con su “herramienta”, de pronto se oyeron unos pasos al final del pasillo que se dirigían hacia ellos.
- Date prisa tío, viene alguien.- Susurró Miguel.
- Ya voy, ya voy, esto no es fácil.
- ¿Pero no te habían enseñado a usarlo?
- Si, bueno no, sólo de palabra.
Los pasos se acercaban cada vez más. Retumbaban como tambores de Semana Santa en todo el pasillo. Al estar todo el mundo de exámenes y no haber nadie fuera de las aulas, el eco de los tacones en el suelo resonaba clavándoseles en los oídos.
- Venga, venga, se acercan.
Los pasos se acercaban más y más, estaban a punto de llegar hasta ellos. Ni siquiera sabían de quien se trataba.
- Ya está.- Murmuró Carlos.
La puerta se abrió y entraron a toda prisa pero sin hacer ruido al aula, cerrando silenciosamente. Se quedaron sentados detrás de la puerta conteniendo la respiración para no los descubrieran. Los pasos se detuvieron detrás de la puerta durante unos instantes interminables.
- Va a entrar.- pensó Carlos, y miró a Miguel que estaba pensando lo mismo.
En sus miradas se podía ver el miedo. Estaban esperando lo peor, pero los pasos siguieron su camino y fueron sonando cada vez más lejanos hasta desaparecer.
Carlos y Miguel respiraron aliviados, relajando todo su cuerpo que había estado en tensión esos minutos.
- Por poco.- Exclamó Miguel
- Ya te digo. Bueno vamos a buscar el ordenador de Bernardo.
Tal y como les había anticipado Marcelo, era un aula en desuso, que estaba llena de cajas, carpetas, ordenadores, aparatos viejos de laboratorio, etc. Estaba todo como en penumbras, ya que había estanterías por todos los lados y no dejaban pasar la luz de las ventanas, y no era plan de encender las luces. Había algunas máquinas y aparatos cubiertos por sábanas. Todo este escenario y la capa de polvo que cubría todo, le daba un aspecto de lo más tétrico.
- ¿Y como lo piensas encontrar aquí? ¿Está lleno de mierda?
- Empezaremos a buscar por un lado.- Dijo Carlos.
- Bueno y que se supone que tengo que buscar.- Preguntó Miguel.
- Una torre de ordenador de color negro.
Se pusieron a buscar por toda el aula, destapando las sábanas, leyendo laS etiquetas de las cajas, comprobando los ordenadores que había repartidos por todas las estanterías.
De repente Miguel dijo un tanto nervioso.
- Carlos, esta estantería…
- ¿Qué?- Preguntó Carlos inquieto.
- Ven y míralo tú mismo.
Carlos se acercó hasta donde estaba Miguel y pudo comprobar que en una de las estanterías había un cartel que decía “Bernardo Sánchez”, y justo debajo, estaba todas las cosas de Bernardo, el ordenador, libros, apuntes, cajas etc.…
- ¡Bien!, te quiero tío.- Exclamó Carlos
- Bueno, bueno sin mariconadas.
- Venga, vamos a llevárnoslo.
- ¿Todo? ¿Pero como?- preguntó extrañado Miguel.
- No, sólo el ordenador. Si nos hiciera falta volver a por otra cosa, ya sabemos donde están.
- Si claro, otra vez este marrón. Tú estás loco.
- Deja de quejarte y vámonos.
- ¿Cómo vamos a sacar un ordenador de la universidad, sin levantar sospechas?
- Pues con toda normalidad, si vamos como delincuentes huyendo es peor.- Explico Carlos.
- Dios, nos van a pillar.
Los dos compañeros salieron del aula mirando a ambos lados del pasillo con cautela.
Carlos llevaba el ordenador de Bernardo bajo del brazo y Miguel cargaba con unas cajas que llevaban más CDs, apuntes, revistas y una bola de petanca.
Salieron del pasillo bajando las escaleras con toda normalidad, a Carlos se le iban ocurriendo todos los escenarios posibles, que les parara el vigilante de la universidad, que se encontraran con Jaime Nucias haciendo toda clase de preguntas estúpidas, que les detuvieran… cualquier cosa.
El corazón de Miguel latía cada vez con más fuerza. Inconscientemente aceleraba su paso para salir antes, llegar al coche e irse a casa. Carlos le frenaba para no dar la impresión de que tuvieran prisa y no levantar sospechas.
Ya habían alcanzado la planta baja y se dirigían hacia la puerta del edificio, los pasillos seguían vacíos con un silencio sepulcral que hacía que se les oyera caminar, incluso respirar. Justo antes de abrir la puerta se oyó una voz profunda y seria, retumbar en todo el pasillo, que hizo que les parara el corazón-
- ¡¡Eh!!, ¡¡Vosotros!!
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